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"Me sentía como la señorita de la casa" por Oscar

Tengo 34 años. Al nacer, mi familia estaba compuesta por mis padres y una hermana mayor quien, a mis 4 años de edad, tuvo su primer hijo. Luego, cuando cumplí cinco años, nació mi hermana menor. Mi madre siempre sufrió de reuma, artrosis, problemas de presión y cardíacos.
Mi vida comenzó a cambiar cuando a mi casa vino a vivir un chico de catorce años que abusó de mí.
Mi hermana casada vivía con nosotros, trabajaba afuera y llegó a tener cinco hijos, los cuales me tocó cuidar aun siendo yo muy chico, del mismo modo que a mi hermanita menor. Mi madre no podía ocuparse debido a sus problemas de salud. Mis tareas eran muchas, básicamente hacía los quehaceres domésticos: lavar piletones de ropa, preparar mamaderas, llevar a vacunar a los pequeños, acompañarlos a la escuela, etc. A los 10 años yo asistía a las reuniones de padres de la escuela a donde concurrían mis sobrinos, pues mi hermana y su esposo no podían hacerlo.
Durante algún tiempo ellos no durmieron juntos. Mi cama la ocupó mi hermana y yo, teniendo aproximadamente 11 años, dormía con mi cuñado. El intentó abusar de mí.
Yo no recuerdo haber jugado con chicos de mi edad, crecí siendo adulto.
Mi padre trabajaba muchas horas para sostener a la familia. Yo no tuve amigos, no porque no quería, sino porque no podía. Siempre recuerdo con dolor aquella vez que, siendo muy chico, un día mi hermana trajo regalos para sus cinco hijos; yo también esperaba mi regalo, pero ella me contestó que yo era grande.
Seguí ayudando en todas las cosas de la casa, me daba vergüenza cuando me miraban hacerlo, pero yo lo hacía por mi madre. Me sentía como la señorita de la casa. Comenzaron a gustarme los hombres y así, a los quince años, comencé la vida homosexual. Siempre en secreto, no lo sabía nadie, nadie. Yo era muy reservado en mis relaciones así que fueron muchos años de soledad. Asistía a una iglesia pero me sentía un perdido pecador. Me acuerdo de noches en que estaba a las dos de la mañana, solo, en un puente de la estación del ferrocarril, llorando... yo no quería eso para mí, pero tomaba fuerzas y seguía.
Un día me ocurrió lo peor. A los 26 años me iban a hacer una intervención quirúrgica y me pidieron varios análisis, entre ellos el de H.I.V.. El estudio dio positivo. Era portador del virus. Quise morir. Pensé en mi familia, en mi madre enferma y decidí que no se lo diría a nadie. Así, llevé solo mi dolor. Yo amaba a mis padres y no quería darles este disgusto, pensaba irme lejos y morir solo. Volví a la iglesia y le conté todo al pastor, él tuvo palabras de mucho amor. En 1998 conocí a una doctora que asistía a la misma iglesia, me controlaba los pulmones e insistía para que hiciera un tratamiento. En ese tiempo muere mi madre, sin saber sobre mi enfermedad.
En 1999 tuve una fuerte infección urinaria y ya no pude ocultar mi enfermedad a mi familia. Cuando lo supieron me trataron con mucho amor. Esa misma médica me llevó al grupo Retorno a la Vida. Me hizo muy bien compartir con otros mi problema, comprender las razones de mi conducta y escuchar la palabra de Dios.
Ya no practico la homosexualidad. En cuanto a mi enfermedad, bajó notablemente la carga viral. Actualmente tengo cuatro biogramas con resultado negativo, deseo sanarme y le pido a Dios por mi sueño de formar una familia.*
* El sueño de Oscar no pudo cumplirse aquí en la tierra. El Señor lo llamó a su presencia el día 5 de diciembre del 2002. Dios nos mostró, una vez más, su poder para restaurar completamente al dañado.